Cuando lo llamaron por teléfono cedió y a la hora señalada se presentó con unos vaqueros, una americana entallada y un ramo de rosas salvajes en lugar de una amable sonrisa. Una mujer con las medias rotas esperaba al otro lado de la calle, un crimen a modo de pintalabios y una sonrisa sin dientes ocultaban un tipo de mente astuta y cansada que no se dejaba sorprender ante un galán de red social con quinientos poemas a sus espaldas. Dejando de lado las etiquetas se imaginaron saltando desnudos en un sofá de saldo y decidieron tomarse unas copas de más. Lo hicieron adrede. Así sus labios no tendrían reparos en juntarse después de fumarse quince cigarrillos en hora y media. Hedor a cenicero. Aliento de bestia bípeda entornando los ojos ante el pistoletazo de salida de sus pecados.
Media hora más tarde sus cuerpos se fundieron con la cadencia y el ritmo de un mal batería de rock and roll. La cama explotó de gozo y las paredes con el papel medio arrancado retumbaron con el estruendo de una manada de elefantes africanos. El sexo sigue en su lenta evolución: los gritos y el gentil devaneo de un polvo efímero siguen en su lacónica atrocidad cotidiana. Follar en el filo de sus vidas los transporta al abismo del gozo oportunista. Fumaron acortando sus vidas en estruendosas carcajadas de picadero. Dientes amarillos y carraspeos mal disimulados descansando bajo una almohada gastada. No sonaron los violines de Tchaikovski ni tan sólo las trompetas de Gillespie, tan solo un poco de amor sudoroso en un piso con el alquiler demasiado alto. Pero así era su amor, efímero, sucio, con la boca llena de espuma y la entrepierna enrojecida. Sexo sin metas, gozo y disfrute de dos cuerpos demasiado solitarios escondiéndose bajo las sábanas.
Durmieron escoltados por el dulce ronroneo de un dios demasiado grandilocuente. Morpheo noqueaba a su antojo sin mirar a los ojos de nadie. La oscuridad se adueñó de la habitación y acompañados por el suave contoneo de un hilo de humo en el cenicero sus respiraciones se tornaron un espectáculo inocuo y aburrido. El sueño es la película de cada uno.
Despertaron al poco rato acuciados por el hambre de sexo y nicotina y dieron rienda suelta a sus deseos más primarios, más sucios y fundamentales que los empujaron a una orgía de jadeos, sudor y deseo. Sus corazones bombearon fustigados por los látigos del averno, sus gritos eran una oda al gozo terrenal, si, en la oscuridad de una habitación mal iluminada dos cuerpos que no necesitaban de los inventos del hombre se entregaban al regalo más preciado otorgado por los dioses.
El placer y los resuellos cada vez eran más intensos. Su sexo era una esclusa hacia un abismo lleno de crueldad y el mal llamó a la puerta reflejado en los ojos de una mujer con un disparo en lugar de pintalabios. Ella quiso ponerse encima y propinarle un puñetazo, las manos de él eran pequeñas pero rápidas con el teclado y pudieron parar el golpe. ¿A que es debido semejante comportamiento? ¿Dolor y sexo en el campo de batalla del amor?
¡Me gusta el sexo salvaje! Trató de golpearlo de nuevo. Sus puños se movían en el aire como un pájaro malherido, procurando lanzarle un golpe en la cara para embrutecer a la pasión de alcoba, manchar la almohada con un deseo infantil y envenenar la atmosfera con un golpe realmente bajo.
Él saltó de la cama. Estás tonta, ¿verdad? Demasiadas películas. Demasiado sola. Demasiadas botellas vacías por el suelo. Ella lo miraba desde la cama, abierta de piernas. Encendiendo un cigarrillo se reía mientras observaba la torpeza de un hombre humillado tratando de ponerse los pantalones. Una triste y última mirada hacia el deseo de un hombre con la entrepierna por rasurar. Naturaleza salvaje postrada en la cama y riéndose en actitud desafiante. Cerró dando un portazo y en el ascensor se arregló el pelo. Apestaba a mujer loca.
En la calle una ligera brisa acariciaba las mentes bien pensantes que acudían a sus hogares después de un día fructífero. Se encendió un cigarrillo y dos manzanas más tarde pensó en escribir un poema sobre ello.


me encanto, imagine como seria esto en un libreto de serie de tv… genial si hubiesen escuchado a tchaikovky mientras follaban, hubiera hecho la historia un poco mas psicodelica, puede que me recuerde alguna parte de la naranja mecanica, es excelente!