
Sales del baño y te encuentras el panorama. Las fiestas de niños ricos se desmadran hasta límites insospechados. Las cosas ocurren porque sí. Nada justifica que tu actual novia este desnuda junto a dos culturistas depilados. Lo repites para tus adentros; tu actual novia.
TU ACTUAL NOVIA.
Follando en el suelo con dos vergas del tamaño de los cañones de Navarone.
Tu actual novia parece pasarlo en grande y cuando ve la cara que pones aun le pone más ímpetu a lo que está haciendo con su boca. Te giras y sales de la habitación. Tienes los ojos inyectados en sangre y los puños cerrados como dos guantes de boxeo. Quieres pegar a alguien pero no puedes porque no te atreves.
La rabia interna te corroe el interior.
Cuando la conociste nunca te imaginarias que pudiera llegar tan lejos. Orgías, morreos con todo el mundo, libertad convertida en dolor, un dolor punzante que te atraviesa el corazón de lado a lado. Tienes una cornamenta digna de colgar en la pared a modo de trofeo.
Lárgate. Coge las llaves del coche, ahora que todo el mundo está distraído viendo como dos chulos de gimnasio se están follando a tu supuesta novia. Vete bien lejos y trata de buscar un instante de libertad en el viento que te acaricia la cara en mitad de la noche.
En materia de relaciones siempre te las dan con queso.
Eres un mono del espacio en el campo de pruebas del amor.
No se puede ser bueno en esta vida. No se puede ir por ahí con una media sonrisa como si todo te pareciera bien, como si no tuvieras problemas con nadie. Como si te gustase que te dieran por el culo.
Has ganado un montón de pasta escribiendo un libro. Un libro que te ha dado un Mazda Mx5, dos años de alquiler por adelantado y una novia que no cesa en su empeño de ponerte en ridículo. Una novia que le gusta follar con todo el mundo pero que sólo te quiere a ti porque la tratas bien y le cuidas su ‘corazoncito maltrecho’.
Eres el jodido mayordomo de sus sentimientos.
Arrancas el coche y sales escopeteado rumbo a la autopista. Vas a buscar un lugar tranquilo para fumarte un cigarrillo de hierba y escuchar un poco la radio. Por la noche ponen buenas canciones. Las almas solitarias entienden de música.
Llegas a un descampado solitario y enciendes la radio. Delante de tus morros la ciudad ruge en todo su esplendor. Las luces reflejan el avance de la tecnología. El progreso que supuestamente estamos viviendo te da de lleno en la cara. La vista es hermosa y el humo del cigarrillo de marihuana impregna el interior del verdadero amor de tu vida.
Sales al exterior, se respira tranquilidad. Echas un vistazo a tu ciudad, llena de luces y vida. Respiras hondo y sientes que formas parte de la rueda. Eres un escritor de éxito, pero lo único que has conseguido es meterte en fiestas salvajes llenas de parias que solo saben mirarse al ombligo. Lacras de la sociedad que sonríen ante los flashes y te miran por encima del hombro. Escoria que sale en las portadas de la prensa amarilla.
A cincuenta metros un coche con el interior lleno de vaho se mueve como si estuviera recorriendo un camino lleno de piedras, pero está parado. Finges no verlos cuando la ventanilla del copiloto se abre y alguien te pregunta si tienes un condón.
-No tengo condones, estoy solo, fumando.- Admites.
Demasiada información. De la puerta sale un tipo tatuado con el torso desnudo que tiene problemas para abrocharse el pantalón. No tiene un centímetro de su piel libre. Es la versión gánster de Michael Scofield.
-¿Estás fumando? Pues dame un cigarro, tío. –te dice mientras se acerca.
Problemas. Hueles la agresividad de aquel tipo que se acerca a ti con los brazos tensos y actitud chulesca. Un hombre con necesidad de problemas. Otro arquetipo que forma parte del intrincado engranaje al que pasamos a formar parte una vez salimos del interior del útero. Sus conductos vaginales son un túnel directo hacia los problemas del mundo. Lo bueno del asunto es que algunos de sus matices son realmente interesantes. Como algunas mujeres del pasado o tu Mazda Mx5.
Le ofreces un cigarrillo y se lo mete en los labios. Te repasa con la mirada y ve que tratas de esconder lo poco que queda del cigarrillo de hierba. Le brillan los ojos y te pide una calada.
-Por supuesto. Termínalo si quieres.
Le ofreces las tres caladas que te quedaban. No importa. La verdad es que aun te queda mucha hierba. La marihuana es una vía de escape que te arrastra a tu propio mundo interior. La mente implosiona y el conocimiento toma relieve de una forma inusual. Sigues siendo tú mismo pero con una careta distinta. Eres tu propia mutación, atrapada sin remedio en las paredes de tu cabeza resplandeces bajo los efectos del THC.
Apoyado en el capó del coche el tipo agresivo fuma convulsivamente y te mira a la cara cada vez más interesado. Los dos formáis parte del escenario. Sin abrir la boca encontráis vuestro lugar en la tierra. El depredador y la víctima, oliendo su propio miedo. Cuando el tipo agresivo abre la boca esperas que te pida otro cigarrillo o te robe la hierba que te queda o te joda el coche.
-Tú a mi me suenas. ¿Dónde te he visto? –increpa tirándote el humo en la cara.
Miras al suelo y cierras los puños para lo que pueda venir. En algunas de las fiestas en las que has estado últimamente has bebido demasiado y te has metido en follones, algunos de los cuales ni te acuerdas. Durante cinco segundos vuelve a reinar el silencio. La sombra de la duda se disipa del rostro de Michale Scofield y su cara adopta una expresión de total asombro y admiración hacia ti.
-¡La ostia! ¡Mecagüen la madre que me parió! ¡Jessy, ven corre! ¡Tú eres el cabrón que ha escrito ‘Duermo de espaldas al techo para enseñarle el culo al reino de los cielos’! ¡Jodeeer! ¡Qué grande! Me he leído tu libro en tres días, eres muy grande. Eres un escritor cojonudo.
Te relajas al instante. El nivel de alivio ha sufrido un incremento considerable. Ya no eres una víctima de la cadena de depredación humana. Sonríes ante tanto halago gratuito.
-Sí, la verdad es que soy el mismo. –Dices con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.
Jessy se acerca y os hace una foto apoyados en el Mazda. Jessy afirma que eres mucho más guapo al natural que en la foto de la contraportada del libro.
-No, no. En absoluto. Tu novio es mucho más apuesto que yo. –Dices con miedo a que este se ponga celoso.
Les dices que te vas a liar otro cigarrillo de hierba para celebrar el encuentro, pero el verdadero motivo de tu pequeña celebración es que has salvado el trasero por escribir un libro que no sólo ha tenido éxito entre los intelectuales. Lo enciendes y se lo pasas. Te preguntan qué haces en mitad de un descampado fumando hierba en lugar de estar en alguna fiesta rodeado de lameculos o escribiendo otro libro inmortal. Les cuentas que te has enfadado con tu novia porque se ha puesto a follar con dos tipos con exceso de testosterona.
-Que cabrona.-espeta Jessy. –Esta chica no sabe con quién está.
-Si quieres vamos y les meto de ostias a los dos. –dice la versión violenta de Michael.
La verdad es que no sería una mala idea. Piensas en decirles que sí, que podríais aparecer en la fiesta y patearle el trasero a tu novia y a los dos cabrones que se la han estado follando. Estás a punto de abrir la boca cuando aparece un coche patrulla detrás de unos árboles.
Se acerca lentamente y se detiene a vuestro lado. Del interior surgen dos agentes de menos de 35 años. Cuerpos altos y fuertes, miradas extraviadas, sonrisas socarronas.
-¿Qué, haciendo unos petillas, eh?
La versión del poli malo la interpreta un chico que seguramente no supo qué hacer con su vida y se presentó a las oposiciones de agente sin pensarlo demasiado. Un tipo que fracasó estrepitosamente en todos los empleos que tuvo y harto de saltar de empresa en empresa en el intrincado organigrama laboral, decidió hincar los codos un año y medio y presentarse a policía. Los diálogos que se sabía de memoria de la Jungla de Cristal le ayudaron a decidirse a opositar para el Estado.
Y también las treinta y siete veces que vio Acorralado.
La versión del poli bueno trata de controlar la situación sonriendo amable pero con un cierto atisbo de altanería en sus voz. Asume su papel de agente conciliador y compasivo soltando de vez en cuando comentarios tranquilizadores.
-No pasa nada, chaval. –me dice. Pensando que los dueños de la hierba son la pareja surgida de dentro del coche por las pintas que llevan.
Eres un tipo con pinta de vivir bien apoyado en un Mazda descapotable y zapatos caros. A sus ojos no pareces un delincuente de poca monta, pero nunca se sabe. Podrías ser un traficante pasando varios kilos de hierba, ¿podrías? No, ¿porque hacerlo en un descampado a oscuras pudiendo hacerlo en mí piso?
Los polis no van a por ti. La versión agresiva de Michel Scoffield es quien se lleva todas las ‘simpatías’ del poli malo. El poli malo no supo qué hacer con su vida hasta que cumplió los 33 años. Como Jesucristo. Su resurrección fue su ingreso al cuerpo de policía. Otro victima repartiendo porrazos a los mártires del sistema en las manifestaciones.
-La hierba es de él. El escritor. –te acusa Michael con el dedo.
Te cruzas de brazos y con media sonrisa en la boca niegas que sea tuya. Te estabas haciendo un porro con su hierba, ellos te lo dejaron hacer.
-¿Tengo yo pinta de comprar hierba? He salido a que me toque el aire y estos tíos me han ofrecido unas caladas si les daba un cigarrillo.
Detrás de la oreja Michael aún guarda el cigarrillo que le has pasado. Eres un puto embustero. En eso nadie te gana.
-¡Serás mentiroso! Esta hierba no es mía.-La expresión de Michael es ahora una mueca de agresividad. Me mira a los ojos. Los tiene encendidos, como dos infiernos en miniatura tratando de engullirte.
Los polis ponen cara de estar enfadados y largan frases del tipo ‘No nos mientas que no somos tontos’ y cosas así. Te mantienes al margen. Reconoces para tus adentros que eres un cabrón. Mucho arte, mucho escribir y luego dejas totalmente tirados a tus fans. Jessy te mira fijamente a los ojos. Su mirada te está diciendo a la cara lo hijo de puta que puedes llegar a ser. Y lo reconoces. Pero en el fondo te da igual porque Michael te ha acusado a ti primero. Sólo quieres largarte de este escampado. Lo único que buscabas era tranquilidad, y no lo has encontrado.
Los polis te piden el DNI y te reconocen pero no sienten ningún tipo de admiración hacia ti. De hecho nunca has escrito a favor de la policía, y eso que te presentaste una vez a un examen para ser agente. Era una época realmente confusa, ¿se sentirán perdidos todos aquellos que se presentan a las oposiciones de agente de la ley? Prefieres pensar que no, pero los hechos demuestran todo lo contrario.
Les pides a los agentes si te puedes ir, te están esperando en una fiesta. En la misma fiesta donde tu novia ha sido follada por dos gorilas con sonrisas Profident. Los polis te conceden tu deseo de escritor mentiroso con zapatos caros.
Te diriges de nuevo a la fiesta. Cuando llegas tu novia te espera con el rímel corrido y sin bragas sentada en las escaleras de la entrada. Ha llorado. Otra vez. Siempre hace lo mismo cuando se emborracha y se deja violar por todo el mundo.
Conduces a través de la oscuridad con tu novia durmiendo en el asiento del copiloto. Tu novia huele a alcohol y semen. Decides dejarla en su casa y tú te vas a la tuya. Abres la puerta y te tiras en el sofá. Decides liarte otro cigarrillo antes de irte a dormir. Te palpas en los bolsillos y te acuerdas de que la bolsa está en la mano de la versión violenta de Michael Scoffield. Te levantas y buscas en la caja donde guardas la marihuana. No queda nada.
No tienes ni para fumar. Eres un escritor de éxito pero tu novia no te respeta y tus fans se quedan con tu marihuana, aunque sea por accidente.
Te levantas y te plantas delante del ordenador. Comienzas a teclear y miras por la ventana. La ciudad te está mirando, está esperando que los deleites con tus palabras, que la abras de piernas una vez más.
Con tus palabras.
Una vez más.
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